viernes, 1 de septiembre de 2006

Cuento sin nombre

(Los personajes y lugares de este cuento son ficticios; cualquier semejanza con la realidad es PURA coincidencia)

Martes 7 de Agosto

Acababa de despertarse, pensó que la noche anterior no iba a poder dormir, pero lo hizo profundamente. Desayunó y salió para el trabajo. Como de costumbre, compró el diario en el camino, y leyó el titular - Crimen pasional: Luego de descubrir que lo engañaba, hombre mata a su esposa a puñaladas y termina suicidandose. - El pensó:¨que tipo hijo de puta¨.

Lunes 6 de Agosto

Cuando por fin, despues de un ajetreado dia, llegó de trabajar, entró a la casa y se sorprendió al no oír ningún ruido. Se dirigió a la cocina y el televisor estaba apagado, mas raro aún. Se dispuso a entrar en la que era su habitación. Una fuerza extraña, un mal presentimiento le decía que no lo hiciera, pero quería saber si su mujer estaba en la casa.-
Cuando entró en la habitación vió el cuerpo desnudo y sin vida de su mujer, desperrramado sobre la cama, cubierto de sangre. La habían matado a puñaladas.-
Una nube de dudas lo invadió... ¿Quien sería capaz de hacerle algo así a Liliana? ¨Ella no tenía enemigos, era una mujer muy querida¨, pensó. Quizás demasiado.-
Se encontraba parado allí inmovil, casi sin respirar, no sabía que hacer. Se fue acercando a lo que quedaba de su mujer. No se habia fijado en detalles. Al lado de su cuerpo había una nota, la tomó y la leyó: ¨Te amo, pero lo tuve que hacer... Él va a tener tu misma suerte¨. En ese momento lo entendió todo. Su mujer lo engañaba, pero lo peor era que sabía que él también iba a morir. ¿Cuándo? No lo sabía. Decidió irse de la casa, para avisar a la policía, pero cuando se dió vuelta para salir... un disparo en el pecho.-
Ella estaba ansiosa por verlo, no podía esperar a que llegara, siempre tenían poco tiempo para estar juntos. Ese día su marido llegaría tarde de trabajar, por eso decidió decirle a Abel que se encontraran en su casa, ademas estar con el allí le provocaba cierta adrenalina, temor, y eso hacia que el encuentro fuera mejor aun. Ambos adoraban acostarse en la cama que era de Liliana y su marido, les provocaba algo sumamente especial. Se preparó para él y se sentó a esperarlo, se puso a pensar en el tiempo que llevaba esta relacion y en lo que podia pasar si alguien se enteraba. En ese momento llegó él, quince minutos despues de lo pactado, tuvo que preparar varias cosas, que ella ni en sus sueños imaginaría.-
Entró como siempre, percatandose de que nadie lo viera y como quien no quiere la cosa. Se saludaron como de costumbre, euforica, apasionadamente. Por supuesto, no esperaron ni cinco minutos para desvestirse y hacer el amor, en la cama matrimonial de ella. Cuando terminaron, Abel sacó el tema; el tema del que hablaban siempre.
-Liliana, odio preguntarte esto, pero ¿pensaste o no en lo que hablamos?
-Ya te dije que no hay nada que pensar
Contestó sin saber que esas palabras iban a marcar su destino. Él había pensado todo, si ella decía lo que el esperaba escuchar, no lo haría. Pero eso no sucedió.-
Antes de salir de la oficina, escribió una carta para Liliana, la imprimió y la guardó en su bolso. Abrió el cajón de su escritorio y sacó el arma nueva, que había guardado allí por la mañana. Tomó también un par de guantes negros que estaban al lado de la pistola. Llegó a su casa, tomó su cuchillo preferido (uno mediano) y lo guardó en el bolsillo del jean que se acababa de poner. No se notaba, perfecto.
-Si tan solo pensaras un poco mas... no vale la pena que estes con el, Liliana, vos no lo amas!
-No lo amo pero tampoco lo puedo dejar. Él se moriría si yo me voy o le pido el divorcio, Abel
-Esta bien
-Amor, yo te amo a vos, solamente soy tuya y lo sabes. Con eso tendría que alcanzarte
-No me alcanza
-Bueno, no discutamos mas si? tenemos poco tiempo y quiero aprovecharlo - Le dijo y lo beso en el cuello. Rapidamente comenzaron a besarse y a acariciarse. De pronto el agarró el pañuelo que ella había dejado sobre la mesa de luz, y se lo ató en la cabeza, cubriendole los ojos. Por supuesto ella no se sorprendió; esas cosas las hacian normalmente. El le susurró al oido: - Te voy a dar una sorpresa - Después la amordazó, ató sus manos al respaldar de la cama y empezó a besarla... por ultima vez. Despacio se acercó a donde estaba su pantalón, sacó el cuchillo del bolsillo y se lo clavó tantas veces, hasta que vió que ya no se movía.-
Limpió su cuchillo, fue y lo guardó en su bolso. Con cuidado tomó los guantes y se los puso, comenzó a limpiar todo aquello que lo indicara a él como el asesino. Se cambió y se escondió. Ahora solo faltaba que llegara él.-
Lo oyó llegar, espero unos minutos hasta que fuera a la habitación y viera a Liliana. Cuando se encontraba parado, le dieron ganas de dispararle en la espalda, pero prefirió esperar a que se diera vuelta, para poder verle la cara. Cuando éste casi lo hizo, le disparó. Ahi estaba, muerto en la entrada de la habitación; Abel le arrojó el arma al costado del cuerpo, junto con la carta que ese día le había escrito a Liliana, tomó su bolso y salió por la puerta de atrás rapidamente, para que nadie lo viera, pero muy conforme con lo que habia hecho.-

1 comentario:

Beck dijo...

Nice it. Me han agradado tus cuentos, no sé que les diste, son buenos. Tienen un toque de crueldad elegante, más el "prendedor especial". El aspecto que debe cuidar es un poco su estilo y ortografía, aunque lleva muy buen camino.